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Muros de fachada de hasta 30 cm de espesor

Levantar los muros de fachada de hasta 30 cm de espesor es uno de los trabajos básicos de la obra gruesa. El albañil construye los muros exteriores de la casa sobre la losa de cimentación o sobre el forjado ya terminado. Puede usar ladrillo cerámico, bloques cerámicos aligerados de gran formato o bloques de hormigón celular. Este trabajo

Actualizado 09/2026·6 min read·3 price list items
Precio del trabajo estándar
30,35 €/ m²
Rango orientativo
24,20 € - 39,50 €
Piso de 60 m²
4553,00 €
Precio solo de esta partida concreta, sin material y sin trabajos previos. No es el precio de la obra completa.
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Albañilería y enlucidos3 partidas

Todos los precios mostrados no incluyen IVA. El precio de mano de obra incluye solo el trabajo. El precio con material añade el material auxiliar (cemento cola, imprimación, masillas, tornillería y fijaciones). Los revestimientos, el pavimento, los suelos, la pintura y los sanitarios los elige y compra el cliente, no están incluidos.

PartidaUnidadPrecio / unidadCantidadTotal
Ladrillo y bloque
Construcción de muro exterior hasta 30 cm de espesorm²30,35 €-
Construcción de muro exterior de cargam³82,20 €-
Construcción de muro exterior no portantem²22,76 €-
Total mano de obra
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Qué incluye este trabajo y qué conviene tener claro antes

El muro de fachada protege la casa del frío, el calor, la humedad y el ruido. En muchos edificios de España la estructura es de hormigón armado y el muro exterior es un cerramiento que no carga. En otros casos, sobre todo en casas unifamiliares, el muro es de carga y sostiene forjados y cubierta. Por eso no se levanta a ojo, sino según el proyecto. El arquitecto define el material, el espesor, la posición de los huecos, los dinteles y el zuncho. El calculista comprueba que el muro aguanta lo que le va a llegar.

Con un espesor de hasta 30 cm hay que saber una cosa: un muro así, por sí solo, casi nunca cumple las exigencias actuales de aislamiento térmico del CTE. En la práctica casi siempre se completa con un sistema SATE por fuera o con un trasdosado aislado por dentro, que suele montar el pladurista. Las fábricas de una sola hoja sin aislamiento añadido se hacen con bloques más gruesos.

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Ladrillo, bloque cerámico u hormigón celular: en qué se diferencian

El proceso es parecido en los tres casos. Lo que cambia es el material, el mortero o adhesivo y la rapidez del trabajo.

Ladrillo cerámico tradicional

Formato pequeño, colocado con mortero en las juntas horizontales y verticales. El trabajo es más lento, porque cada metro cuadrado lleva muchas piezas. Hoy se usa sobre todo en reformas, para completar fábricas antiguas, en chimeneas y en elementos pequeños. Para la fachada completa de una casa nueva se usa menos.

Bloques cerámicos aligerados de gran formato

Son piezas grandes de arcilla cocida con huecos interiores, del tipo termoarcilla. Muchas llevan machihembrado en los laterales, así que las juntas verticales no se rellenan de mortero. Hay dos grupos:

  • bloques sin rectificar, que se colocan con mortero tradicional o mortero aislante, con una junta de más o menos un centímetro,
  • bloques rectificados, que tienen la altura exacta y se colocan con mortero de capa fina o con espuma específica, siempre según las indicaciones del fabricante.

La cerámica cocida acumula bien el calor, es resistente y sujeta bien los anclajes. En verano tiene una ventaja clara: la casa tarda más en calentarse.

Bloques de hormigón celular

Son bloques ligeros y muy precisos de medida, del tipo Ytong, que se pegan con adhesivo de capa fina. Se cortan y se lijan con facilidad, así que las esquinas y los huecos se resuelven rápido. Para fachada se usan bloques con la resistencia que pide el proyecto, no los de tabique. El hormigón celular absorbe agua. Hay que proteger el muro de la lluvia prolongada y usar anclajes adecuados para cargas pesadas.

El material lo decide sobre todo el proyecto: cargas, aislamiento térmico, acústica y encuentro con el resto de elementos. Mezclar sistemas distintos en un mismo muro sin que lo diga el arquitecto no es buena idea.

Cómo se hace paso a paso

  1. Revisar el soporte. La losa o el forjado tiene que estar firme, limpio y más o menos nivelado. El albañil mide las diferencias de altura y replantea el contorno de los muros según los planos.
  2. Colocar la barrera antihumedad. Sobre la cimentación, bajo los muros exteriores, se coloca una lámina impermeable horizontal para que la humedad del terreno no suba por el muro.
  3. Asentar la primera hilada. La primera hilada va sobre mortero de cemento, que corrige las irregularidades del soporte. Con los sistemas rectificados se usa un mortero de nivelación y un kit de nivel. Aquí cuenta cada milímetro: un error en la primera hilada no se arregla después.
  4. Levantar el resto de hiladas. Las piezas se colocan trabadas, es decir, con las juntas verticales desplazadas respecto a la hilada de abajo. Esquinas y encuentros entre muros se hacen con el aparejo que indica el sistema. El albañil comprueba todo el rato la verticalidad, la planeidad y la altura de las hiladas.
  5. Dejar huecos y poner dinteles. Ventanas y puertas se dejan exactamente donde marcan los planos. Encima se colocan dinteles con suficiente apoyo sobre el muro. Abrir más tarde un hueco nuevo en un muro de carga afecta a la estructura y no se debe hacer sin el calculista.
  6. Cortar las piezas de remate. Los cortes junto a huecos y bajo el forjado se hacen con sierra, no a golpe de martillo. Los pequeños rellenos y repasos de juntas se hacen sobre la marcha.
  7. Hacer el zuncho. Sobre el muro terminado se ejecuta el zuncho perimetral, que ata el muro y reparte la carga del forjado. La cara exterior del zuncho se suele aislar para evitar un puente térmico.
  8. Dejar fraguar y proteger. El muro se protege de la lluvia, las heladas, el sol fuerte y el viento seco hasta que el mortero o el adhesivo coge resistencia. El tiempo depende del producto y del tiempo que haga, así que sigue las indicaciones del fabricante.

Qué facilita el trabajo y qué lo complica

La dificultad, y con ella el coste, cambia mucho de una obra a otra. El trabajo es más sencillo con:

  • un soporte plano y bien hormigonado,
  • una planta sencilla con muros largos y rectos,
  • bloques de gran formato y adhesivo de capa fina,
  • buen acceso para la grúa o el toro y sitio para acopiar el material.

En cambio, el trabajo se alarga con:

  • muchas esquinas, curvas, muros en ángulo y huecos pequeños,
  • una losa irregular que hay que corregir en la primera hilada,
  • muros altos que necesitan andamio,
  • ladrillo de formato pequeño, que supone más piezas y más mortero,
  • encuentros con fábricas antiguas en una reforma,
  • mal tiempo, olas de calor o heladas, que obligan a parar y tapar el muro.

No es recomendable levantar tú mismo los muros de fachada. Forman parte de la estructura o del cerramiento principal, y los errores se corrigen con mucha dificultad.

Errores típicos en los muros de fachada

  • Primera hilada mal asentada. Luego se compensa con más mortero en las hiladas de arriba, y en los sistemas de capa fina se pierde la ventaja de los bloques precisos.
  • Barrera antihumedad ausente o dañada. La humedad en el arranque del muro se repara después con mucha dificultad.
  • Piezas sin trabar. Las juntas verticales alineadas debilitan el muro y pueden provocar grietas.
  • Mortero o adhesivo equivocado. Usar mortero tradicional con bloques rectificados, o extender el adhesivo solo en tiras, empeora la resistencia y el aislamiento.
  • Dinteles con poco apoyo. Acaban apareciendo fisuras sobre las ventanas.
  • Cortes hechos a martillazos. Quedan huecos grandes rellenos de mortero, que son puentes térmicos.
  • Muro sin proteger durante las paradas. Las piezas empapadas y el mortero helado o secado demasiado rápido bajan la calidad del muro.

Qué revisar al recibir el muro terminado

Antes de seguir con el forjado y el zuncho, repasa el muro con el albañil o con la dirección de obra:

  • el contorno, los espesores y la posición de los huecos coinciden con los planos,
  • bajo los muros exteriores hay una barrera antihumedad continua y sin daños,
  • los muros están aplomados y planos, compruébalo con nivel y una regla larga,
  • las hiladas están a nivel y las juntas verticales bien desplazadas,
  • las esquinas y encuentros están trabados según el sistema,
  • los dinteles están bien colocados y tienen apoyo suficiente,
  • no hay huecos grandes, piezas rotas ni zonas sin rellenar,
  • el mortero o adhesivo es el que pide el fabricante y las juntas están llenas,
  • el muro está protegido de la lluvia, el sol fuerte y las heladas,
  • te han entregado las fichas técnicas de los materiales y sistemas usados.

Preguntas frecuentes

Casi nunca. Con este espesor, el proyecto ya cuenta con un SATE o con un trasdosado aislado. Sin aislamiento, el muro solo cumpliría las exigencias térmicas actuales en casos excepcionales, y lo decide el cálculo del arquitecto.

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