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Remate de chapa del peto en cubierta plana

El peto es el murete que rodea una cubierta plana por todo su perímetro. Su parte superior recibe lluvia, sol, heladas y cambios bruscos de temperatura, y por eso se protege con una albardilla de chapa. Este remate se coloca en obra nueva, al rehabilitar una azotea, al cambiar la impermeabilización o cuando la chapa vieja está oxidada, se

Actualizado 09/2026·7 min read·1 price list items
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Impermeabilización de cubiertas y chapa1 partidas

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Qué protege el remate del peto y por qué importa tanto

Ni el ladrillo ni el hormigón del peto están pensados para recibir la lluvia de forma directa. El agua entra por la parte de arriba, en invierno se congela en zonas frías y el material se va deshaciendo poco a poco. En la fachada aparecen manchas, el revestimiento se desconcha y en el techo de la última planta salen humedades.

La chapa cumple varias funciones:

  • cubrir la coronación del peto en todo su ancho,
  • llevar el agua hacia la cubierta y no hacia la fachada,
  • tapar la impermeabilización que sube por el peto y protegerla del sol y de golpes,
  • cerrar la unión entre cubierta y peto como un conjunto estanco.

Chapa e impermeabilización trabajan como un solo sistema. La lámina sube por la cara interior del peto y la chapa la cubre desde arriba. Si una de las dos capas está mal hecha, la otra también sufre. Igual de importante es que el remate sea continuo en todo el perímetro, esquinas y finales incluidos. Cada interrupción es un camino para el agua.

Qué chapa elegir y cuándo

El material influye en la duración, en el aspecto y en cómo se une la chapa con la impermeabilización.

  • Chapa galvanizada: resistente y tradicional. Sin otro acabado acaba oxidándose, por eso hoy se usa menos.
  • Chapa prelacada: galvanizada con una capa de pintura de protección. Aguanta mejor la corrosión y puedes combinar el color con la fachada o la carpintería.
  • Chapa colaminada con PVC: se usa en cubiertas con lámina de PVC. La lámina se suelda con aire caliente sobre la chapa, así que la unión queda realmente estanca. Conviene no confundirla con la prelacada normal, sobre la que no se puede soldar.
  • Aluminio: ligero, no se oxida y mantiene bien la forma. Encaja en obras modernas donde se busca poco peso y un acabado limpio.
  • Zinc-titanio: muy duradero, con una pátina gris. Pide un profesional con experiencia, porque se trabaja de forma distinta al acero.
  • Cobre: dura muchísimo y tiene un aspecto muy característico. Se reserva sobre todo para edificios singulares o históricos.

Piensa también en los elementos vecinos. El agua que escurre del cobre no debe caer sobre zinc o galvanizado, porque estos se corroen rápido. Las piezas de fijación deben ser de un metal compatible con la chapa.

Además del material cambia el sistema. El remate clásico lo pliega el hojalatero a medida, en taller o en obra. Los sistemas prefabricados traen perfiles de peto, esquinas y finales ya conformados, que aceleran el montaje y reducen los errores al plegar.

Cómo se monta paso a paso

El orden viene marcado por una idea sencilla: cada capa debe solapar la de debajo, como las tejas, para que el agua siempre baje por encima.

  1. Preparar el soporte. Se revisa la coronación del peto. Debe estar firme, limpia y seca, sin trozos sueltos. Si el peto lleva aislamiento, por ejemplo con SATE, suele colocarse encima un tablón o tablero que da una base plana para la chapa.
  2. Dar pendiente. La parte superior se inclina hacia el interior de la cubierta. Basta una pendiente suave, normalmente de unos pocos grados según el fabricante del sistema. Así el agua cae a la azotea y de ahí a los sumideros.
  3. Subir la impermeabilización. La tela asfáltica o la lámina sube por la cara interior del peto, si es posible hasta pasar por encima de la coronación.
  4. Colocar las fijaciones. Se atornillan al soporte patillas o un perfil de anclaje. La chapa se engancha en ellos y no hace falta perforarla por arriba, donde cada tornillo sería un posible punto de entrada de agua.
  5. Montar la chapa. Las piezas se colocan solapadas o unidas con engatillado. Cada cierta distancia, según material y fabricante, se dejan juntas de dilatación para que la chapa pueda moverse con el calor y el frío.
  6. Resolver esquinas y finales. Las esquinas interiores y exteriores, los encuentros con paredes y los remates finales se tratan aparte, con piezas prefabricadas o fabricadas con mucho cuidado.
  7. Cerrar la unión con la impermeabilización. Con chapa colaminada, la lámina se suelda a la chapa. En otros sistemas la unión se cubre y se sella siguiendo las instrucciones del fabricante.

Es un trabajo en altura, al borde de la cubierta, que exige andamio o protección contra caídas. Déjalo en manos de un hojalatero o instalador de cubiertas con equipo y experiencia.

Medidas, pendiente y goterón

Una buena chapa no sirve de mucho si la forma está mal pensada. El ancho del remate depende del grosor del peto, incluido el aislamiento si lo hay, y de cuánto debe sobresalir la chapa por cada lado.

En la cara exterior la chapa debe formar un goterón, es decir, un borde doblado y separado de la fachada. El agua gotea desde ahí al vacío y no resbala por el enlucido. Si falta el goterón o queda pegado a la pared, con el tiempo aparecen chorretones oscuros y humedad en la fachada.

¿Por qué la pendiente va hacia dentro y no hacia fuera? Porque el agua de la azotea ya se recoge en sumideros y bajantes. Si el peto vertiera a la fachada, toda la lluvia de la coronación bajaría por la pared. La pendiente debe ser continua, sin zonas donde el agua se quede parada.

Qué facilita el trabajo y qué lo complica

La dificultad, y con ella el tiempo de trabajo, depende de varias cosas:

  • longitud y forma del perímetro: un peto recto sin esquinas es sencillo, cada esquina, quiebro o paso de instalaciones lleva su tiempo,
  • estado del soporte: si el ladrillo está suelto o no hay pendiente, primero hay que repararlo,
  • retirada de la chapa o albardilla vieja: desmontarla y llevarla a gestionar es trabajo añadido,
  • altura y acceso: un edificio alto o una calle estrecha obligan a montar un andamio más complejo,
  • material: el zinc-titanio y el cobre son más laboriosos que la chapa habitual.

En un edificio de viviendas el peto forma parte de la cubierta común, así que el trabajo se coordina a través de la comunidad de propietarios y el administrador de fincas. Si la obra forma parte de una rehabilitación energética más amplia, merece la pena informarse sobre las ayudas a la rehabilitación que haya en tu comunidad autónoma.

Errores típicos

  • Pendiente hacia la fachada o sin pendiente: el agua se queda en el peto, baja por la pared y el muro se humedece.
  • Goterón ausente o corto: aparecen marcas de agua en la fachada.
  • Chapa demasiado estrecha: el borde del peto o del aislamiento queda al descubierto.
  • Tornillos por arriba sin junta: cada agujero es una entrada de agua.
  • Fijación rígida sin dilatación: la chapa se ondula con el calor y el frío y las uniones se abren.
  • Esquinas mal resueltas: los solapes mal hechos en las esquinas son el punto donde más se filtra.
  • Impermeabilización que se queda por debajo: entre lámina y chapa queda un hueco.
  • Metales incompatibles: la corrosión se nota al cabo de unos años.

Cómo revisar el trabajo terminado

Al recibir la obra, mira desde la cubierta y desde la calle y comprueba que:

  • la chapa recorre todo el perímetro sin huecos,
  • la coronación tiene una pendiente visible hacia la cubierta,
  • el goterón queda separado de la fachada en toda su longitud,
  • las esquinas y los finales están bien cerrados y alineados,
  • las uniones tienen solape o engatillado y hay juntas de dilatación,
  • no hay agujeros innecesarios ni tornillos sin sellar en la parte superior,
  • la impermeabilización llega por debajo de la chapa y la unión está cerrada,
  • la chapa no tiene arañazos, abolladuras ni deformaciones,
  • después de llover no queda agua en el peto ni hay marcas nuevas en la fachada,
  • la cubierta y el entorno quedan limpios de recortes y tornillos.

Preguntas frecuentes

Depende del material y de cómo esté hecho. Un remate bien ejecutado con una chapa resistente dura décadas. Antes que la propia chapa suelen fallar las esquinas, las uniones o el encuentro con la impermeabilización.

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